Pocas profesiones requieren de quien la ejerce una entrega del
100 % casi las 24 horas del día. Dentro de esas pocas, se encuentra la del
periodista y/o locutor. Quizá sea esto lo que hace a nuestra tarea tan especial
y netamente vocacional. O quizá sea el hecho de que trabajamos permanentemente
con las personas. Continuamente intercambiamos cosas con ellas. De ellas se
nutre nuestro trabajo. Para ellas es nuestro trabajo. Y esas son las razones
por las que debemos ser cuidadosos al ejercer nuestra profesión.
Nuestro rol en el mundo es tan importante,
que tal vez no podríamos concebir una sociedad moderna sin periodistas y/o
locutores. Hoy, el mundo se mueve al ritmo de la información.
Como comunicadores, nuestra función es
escuchar a la gente, en todas partes; porque
desde donde nos llamen, allí deberemos
estar. Y al plasmar eso que vemos y escuchamos sobre papel, de forma digital, o
en la radio y la televisión para que el resto también lo vea, estaremos
llevando a cabo nuestro rol social: e de oír y hacer oír. El de ver y hacer
ver.
Hoy en
día el periodista es todo terreno. No sólo porque tiene que ir a donde sea que
ocurran los hechos que interesan a los medios, sino porque cuando investiga,
generalmente él se vale de los recursos que necesita. Él los busca y él mismo
los utiliza para lograr lo que quiere. Además, es todo terreno porque tiene que
conocer acerca de lo que fuere que se le presente. Si no sabe, lo estudia. Si
no estudia, no puede ser un buen periodista. La gente confía en nosotros. La
gente quiere escucharnos. Sino no habría tantos medios de comunicación. Y por
eso tenemos la gran responsabilidad de ser prudentes en nuestro trabajo y,
sobre todo, excelentes en lo que hacemos. La excelencia siempre marca la
diferencia.
Cada vez que un periodista/locutor habla,
pone muchas cosas en juego. Principalmente su propia credibilidad. Si dice algo
de más o de menos, las vidas de otras personas pueden cambiar. Muchas veces
hemos sido testigos de la desinformación de algunos comunicadores, y los
resultados de esas imprudencias están a la vista.
Por otra parte, está el papel que jugamos
frente a los dueños de los medios en los que trabajemos. Porque para ellos,
generalmente, la noticia es un negocio. Y quizá alguna vez nos encontremos
frente a la difícil decisión de cumplir bien el rol que nuestro jefe espera que
cumplamos, o el rol que las personas esperan que cumplamos. Y esa decisión será
fruto de la moral que cada uno tenga. Uno quisiera que todos elijamos cumplir la
función social que la gente desea que cumplamos: la de informar eficazmente.
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